Las olas de calor no son solo un tema de incomodidad. Son eventos climáticos con consecuencias de salud reales y documentadas, especialmente para los extremos de la vida: niños menores de 5 años y adultos mayores de 65. Ambos grupos tienen una capacidad limitada para regular la temperatura corporal de forma eficiente, lo que los hace significativamente más susceptibles al golpe de calor, la deshidratación severa y otras complicaciones relacionadas con las temperaturas extremas.
La Organización Mundial de la Salud y los CDC documentan consistentemente que la mayoría de las muertes relacionadas con el calor son prevenibles con medidas relativamente sencillas implementadas a tiempo.

Por qué niños y adultos mayores son más vulnerables
Los niños pequeños tienen una relación superficie/masa corporal más alta que los adultos, lo que significa que absorben calor del ambiente de forma más eficiente. Además, su sistema de regulación térmica (la capacidad para sudar de manera eficiente) aún no está completamente maduro en los primeros años de vida. A esto se suma que dependen completamente de los adultos para cubrir sus necesidades de hidratación.
Los adultos mayores, por otro lado, tienen una percepción de sed atenuada, lo que significa que pueden deshidratarse severamente antes de sentir la necesidad de beber. Su capacidad de sudar disminuye con la edad, y muchos toman medicamentos (diuréticos, betabloqueadores, anticolinérgicos) que afectan la termorregulación o la hidratación.
Señales de alerta de deshidratación por calor
En niños pequeños
- Llanto sin lágrimas
- Pañales secos por más de 8 horas
- Boca y labios secos
- Fontanela hundida (en lactantes)
- Somnolencia inusual o irritabilidad extrema
- Ojos hundidos
En adultos mayores
- Confusión o desorientación súbita (puede ser el primer síntoma)
- Orina oscura o ausencia de micción
- Piel caliente y seca al tacto
- Frecuencia cardíaca elevada
- Debilidad o mareo al ponerse de pie
Estrategias prácticas de protección en casa durante días de calor intenso
Ventilación y temperatura del entorno
Mantener las persianas o cortinas cerradas durante las horas de mayor radiación solar (generalmente entre las 10 AM y las 4 PM) puede reducir significativamente la temperatura interior. Los ventiladores pierden efectividad cuando la temperatura ambiente supera los 35°C; en esos casos, los espacios con aire acondicionado o la búsqueda de lugares frescos públicos (centros comerciales, bibliotecas) son opciones más efectivas.
Hidratación activa, sin esperar a la sed
Tanto para niños como para adultos mayores, la estrategia correcta no es esperar a que pidan agua, sino ofrecer líquidos de forma proactiva y regular a lo largo del día. En caso de deshidratación ya establecida con pérdida de minerales, los electrolitos orales son el recurso de primera línea recomendado por la OMS, especialmente en niños con gastroenteritis o pérdida significativa de líquidos, ya que el agua sola no repone los minerales perdidos con la misma eficiencia.
Ropa y exposición solar
Ropa ligera, de colores claros y tejidos transpirables (algodón, lino) facilita la disipación del calor corporal. Proteger la cabeza con sombreros de ala ancha reduce la absorción de calor por radiación directa.
El golpe de calor: cuándo actuar como emergencia
A diferencia del agotamiento por calor, que produce sudoración abundante y puede manejarse con reposo en ambiente fresco e hidratación, el golpe de calor es una emergencia médica. Sus características distintivas son temperatura corporal superior a 40°C, ausencia de sudoración (piel caliente y seca), y alteración del estado de conciencia. Ante estos signos, se debe llamar a emergencias de inmediato mientras se intenta enfriar al afectado con agua fría en la nuca, axilas e ingles.
Medicamentos que aumentan el riesgo en adultos mayores
Es relevante que los cuidadores y familiares de adultos mayores conozcan qué medicamentos aumentan la vulnerabilidad al calor: los diuréticos aumentan la pérdida de líquidos, los anticolinérgicos reducen la sudoración, los betabloqueadores limitan la respuesta cardiovascular al estrés térmico, y los antipsicóticos y antidepresivos pueden alterar la percepción de calor. En días de calor extremo, consultar con el médico tratante sobre ajustes temporales puede ser apropiado para algunos pacientes.
El hogar como primera línea de protección
La mayoría de las muertes por calor ocurren en el domicilio, no en la vía pública. Esto significa que la protección más efectiva es la que se implementa en casa, en la rutina cotidiana, sin esperar a que la situación sea visible como emergencia. Revisar activamente el estado de hidratación de los miembros más vulnerables del hogar durante los meses de mayor calor es un hábito preventivo con un costo mínimo y un impacto potencialmente significativo.
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