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Salud

Qué hacer si te enfermas y tienes diabetes

Una mañana despiertas con dolor de garganta, escalofríos y el cuerpo cortado. Apenas tienes ganas de desayunar, pero decides revisar tu glucosa y aparece una cifra que no esperabas: 248 mg/dL. Te sorprende porque la noche anterior casi no cenaste. ¿Cómo puede estar tan alta si has comido menos?

Entonces surge otra duda. Si no tienes apetito, ¿deberías tomar tus medicamentos como siempre? ¿Qué pasa con la insulina con el tratamiento de metformina? ¿Y si comienzas a vomitar?

Son preguntas que muchas personas con diabetes se hacen cuando ya están enfermas. El problema es que ese momento, entre fiebre, cansancio y preocupación, no siempre es el mejor para tomar decisiones sobre un tratamiento.

Por eso existe algo que debería formar parte del seguimiento médico de cualquier persona con diabetes: un plan para los días de enfermedad, también conocido como sick day plan.

No es una dieta especial ni una receta para curar la gripe. Es un conjunto de instrucciones personalizadas que el médico establece para saber cómo vigilar la glucosa, qué hacer con los medicamentos, cuándo revisar las cetonas y en qué situaciones buscar atención urgente.

Aunque parezca contradictorio, una infección puede elevar el azúcar en sangre incluso cuando apenas estamos comiendo. Y, en determinadas circunstancias, también puede favorecer que la glucosa baje demasiado.

Tener un plan acordado con el médico permite enfrentar esos cambios con menos improvisación y mayor seguridad.

¿Por qué la glucosa puede subir cuando tienes gripe y casi no comes?

En condiciones habituales, los alimentos son uno de los factores que influyen en los niveles de glucosa. Por eso resulta lógico pensar que, si comes menos, tu azúcar debería bajar.

Pero el organismo no funciona de manera tan sencilla.

Cuando aparece una infección, como influenza, COVID-19 o una enfermedad gastrointestinal, el cuerpo activa mecanismos de defensa para combatirla.

Durante ese proceso libera hormonas relacionadas con el estrés físico, incluyendo cortisol y adrenalina.

Estas sustancias pueden aumentar la producción de glucosa en el hígado y dificultar temporalmente la acción de la insulina.

Es como si el organismo pisara el acelerador para conseguir energía en un momento de emergencia, aunque el metabolismo ya tenga dificultades para manejarla.

Por eso, una persona con diabetes puede presentar niveles elevados de glucosa durante una infección respiratoria, incluso si come menos de lo habitual.

La situación también puede ocurrir con enfermedades que no producen fiebre.

Dolor intenso, inflamación, deshidratación y ciertas infecciones pueden modificar el control glucémico.

Sin embargo, no siempre sucede lo mismo.

Si la persona tiene vómitos, diarrea, falta de apetito o continúa utilizando medicamentos que pueden provocar hipoglucemia, existe la posibilidad de que sus niveles de glucosa disminuyan demasiado.

Esa variabilidad explica por qué diabetes y días de enfermedad requieren instrucciones específicas, no solamente recomendaciones generales sobre descansar y tomar líquidos.

El plan de días de enfermedad no se improvisa cuando aparece la fiebre

Pensemos en una persona que utiliza insulina todos los días.

Durante una infección gastrointestinal comienza a vomitar y decide suspender todas sus dosis porque no ha podido comer.

La decisión parece razonable a primera vista: si no hay alimentos, ¿para qué necesitaría insulina?

Sin embargo, en personas con diabetes tipo 1, suspender la insulina basal puede provocar una complicación grave conocida como cetoacidosis diabética.

Incluso sin consumir alimentos, el organismo continúa necesitando insulina.

En cambio, una persona con diabetes tipo 2 que utiliza determinados medicamentos orales y presenta deshidratación podría necesitar instrucciones temporales diferentes.

No hay una sola regla que funcione para todos.

Por eso, el plan debe elaborarse durante una consulta de seguimiento, cuando el paciente se encuentra estable y puede revisar las indicaciones con tranquilidad.

Lo ideal es conservarlo por escrito, junto con los nombres de los medicamentos y los teléfonos del equipo de atención.

Un buen plan responde una pregunta fundamental: ¿qué debo hacer si me enfermo y mi rutina habitual de alimentación, glucosa y medicamentos cambia?

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Los cuatro aspectos que conviene acordar con el médico

No necesitas preparar un manual de cincuenta páginas. Un documento breve, claro y adaptado a tu tratamiento puede ser suficiente.

Lo relevante es que incluya información concreta sobre las situaciones más probables.

1. Cada cuánto revisar la glucosa mientras estás enfermo

Durante una enfermedad, la glucosa puede variar más de lo habitual.

Algunas recomendaciones clínicas sugieren realizar mediciones aproximadamente cada dos a cuatro horas en determinadas personas enfermas que utilizan insulina o tienen riesgo de descompensación.

Sin embargo, la frecuencia debe individualizarse.

Quienes utilizan un monitor continuo de glucosa pueden revisar tendencias, pero quizá necesiten confirmar ciertas lecturas con un glucómetro capilar, especialmente si los síntomas no coinciden con los valores registrados.

Antes de enfermarte, pregunta a tu médico si debes aumentar temporalmente la frecuencia del monitoreo y bajo qué circunstancias.

No es necesario pincharte cada hora por simple preocupación si tu equipo médico no lo ha indicado.

Pero tampoco conviene pasar todo el día sin revisar la glucosa cuando existe riesgo de una descompensación.

2. Qué hacer con cada medicamento

Esta es probablemente la parte más delicada del plan.

Algunos medicamentos deben mantenerse durante una enfermedad. Otros podrían requerir ajustes o suspensiones temporales dependiendo de la hidratación, la alimentación, la función renal y el estado general.

La insulina, por ejemplo, no debe suspenderse automáticamente cuando una persona deja de comer.

En diabetes tipo 1, la insulina basal sigue siendo necesaria. Las dosis de insulina rápida pueden requerir ajustes que deben seguir instrucciones individualizadas.

La metformina merece especial atención cuando existe deshidratación importante, vómitos persistentes o deterioro de la función renal, debido al riesgo de complicaciones poco frecuentes pero graves.

Los inhibidores de SGLT2, como empagliflozina o dapagliflozina, también requieren precauciones específicas durante enfermedades agudas. En determinadas situaciones pueden favorecer una cetoacidosis diabética incluso cuando la glucosa no está extremadamente elevada.

Medicamentos como glibenclamida y glimepirida pueden aumentar el riesgo de hipoglucemia si la persona deja de comer.

Esto no significa que debas suspender alguno de ellos por tu cuenta.

Significa que necesitas instrucciones precisas sobre qué hacer con cada tratamiento si aparecen fiebre, vómitos, diarrea o incapacidad para alimentarte.

Una pregunta especialmente útil es: “¿Qué medicamentos debo continuar y cuáles podrían necesitar una pausa temporal si no puedo comer o beber normalmente?”.

3. Cuándo revisar las cetonas

Las cetonas son sustancias que el organismo produce cuando utiliza grasas como fuente de energía.

Su presencia elevada, especialmente en personas con deficiencia importante de insulina, puede indicar riesgo de cetoacidosis diabética.

La cetoacidosis es una emergencia médica.

Puede presentarse con náuseas, vómitos, dolor abdominal, respiración profunda o acelerada, aliento afrutado y alteraciones del estado de conciencia.

Las personas con diabetes tipo 1 necesitan saber cuándo medir cetonas durante una enfermedad, particularmente si presentan hiperglucemia persistente o síntomas compatibles con cetoacidosis.

Algunas indicaciones clínicas recomiendan comprobarlas cuando la glucosa alcanza aproximadamente 240 a 250 mg/dL durante una enfermedad, aunque el umbral y la frecuencia deben adaptarse al paciente.

Existe otra situación que requiere especial atención: quienes utilizan medicamentos inhibidores de SGLT2 pueden desarrollar cetoacidosis con cifras de glucosa relativamente normales.

Por eso, la decisión de medir cetonas no siempre debe basarse únicamente en el glucómetro.

El médico puede indicar tiras para cetonas en orina o un dispositivo para medir beta-hidroxibutirato en sangre.

También debe explicar cómo interpretar los resultados y cuándo acudir a urgencias.

4. En qué momento pedir ayuda

Un plan resulta incompleto si solamente explica cómo medir la glucosa.

También debe establecer cuándo contactar al médico y qué síntomas requieren atención inmediata.

Esto es especialmente relevante si la persona vive sola, tiene dificultades para trasladarse o depende de familiares para administrar medicamentos.

Conviene guardar los números de contacto habituales, conocer los horarios de atención y tener identificado un servicio de urgencias cercano.

En México, el número nacional de emergencias es el 911.

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¿Qué pasa con la alimentación cuando no tienes apetito?

Durante una gripe fuerte, pocas cosas resultan menos atractivas que sentarse frente a un plato abundante de comida.

La fiebre, la congestión nasal y el malestar general pueden disminuir el apetito.

Sin embargo, las necesidades de alimentación durante una enfermedad dependen del tratamiento y de los niveles de glucosa.

En personas que utilizan insulina o medicamentos asociados con hipoglucemia, dejar de consumir carbohidratos puede representar un riesgo.

Por eso, el plan de días de enfermedad debería incluir alternativas para cuando no sea posible realizar las comidas habituales.

En determinadas circunstancias, el equipo médico puede recomendar pequeñas porciones de alimentos fáciles de tolerar que aporten carbohidratos, ajustadas a las mediciones y al tratamiento.

Por ejemplo, algunas personas toleran mejor una sopa, una porción pequeña de arroz o alimentos suaves cuando tienen náuseas.

Pero no existe un menú universal para todos los pacientes.

Una persona con glucosa elevada y cetonas positivas requiere una evaluación diferente a la de alguien con hipoglucemia y dificultades para comer.

Tampoco conviene asumir que todos los alimentos líquidos son adecuados en cualquier cantidad.

Los jugos, refrescos y bebidas azucaradas pueden elevar rápidamente la glucosa, aunque pueden ser necesarios para tratar una hipoglucemia siguiendo las indicaciones correspondientes.

La elección depende del contexto.

Hidratación: tomar líquidos ayuda, pero no resuelve todo

Cuando una persona tiene fiebre, diarrea o vómitos, puede perder líquidos con mayor facilidad.

Si también presenta glucosa elevada, el organismo puede eliminar más agua a través de la orina.

La combinación aumenta el riesgo de deshidratación.

Por eso, muchas recomendaciones para días de enfermedad incluyen beber líquidos regularmente, siempre que la persona pueda hacerlo de manera segura.

El agua natural suele ser una buena opción cuando no existe hipoglucemia y la persona puede tolerarla.

En casos de pérdidas gastrointestinales, una solución de rehidratación oral puede resultar apropiada según la situación clínica, aunque su contenido de glucosa debe considerarse dentro del manejo individual.

En México, Vida Suero Oral es una formulación conocida dentro de los programas de prevención de deshidratación por enfermedades diarreicas.

No obstante, las personas con insuficiencia cardíaca, enfermedad renal avanzada u otras condiciones que requieren control de líquidos deben seguir recomendaciones específicas.

Y hay algo fundamental: si los vómitos impiden retener líquidos, no basta con insistir en beber sorbos pequeños durante horas.

La incapacidad persistente para mantener líquidos puede requerir atención médica urgente, especialmente si se acompaña de hiperglucemia, cetonas, mareo intenso o disminución de la cantidad de orina.

Glucosa durante una gripe: por qué conviene mirar las tendencias y no un número aislado

Una lectura de glucosa puede generar preocupación, pero resulta mucho más informativo observar cómo cambia durante el día.

Imagina que una persona tiene 190 mg/dL al despertar, 225 mg/dL antes de comer y 260 mg/dL durante la tarde.

Ese patrón es diferente al de alguien que presenta una lectura de 190 mg/dL después de comer y luego regresa a sus valores habituales.

Lo mismo sucede con las hipoglucemias.

Una lectura por debajo de 70 mg/dL requiere atención, pero los episodios repetidos pueden indicar que el tratamiento necesita revisión.

Durante la enfermedad, registrar los resultados con la hora y los síntomas puede ayudar al médico a tomar decisiones.

No hace falta escribir una descripción extensa de cada momento.

Una libreta puede contener información como la temperatura, presencia de vómitos, cantidad aproximada de líquidos tolerados, medicamentos utilizados y valores de glucosa.

Si tienes un monitor continuo, sus reportes pueden facilitar el seguimiento.

Lo importante es no modificar dosis solamente porque una lectura resultó diferente a la habitual, salvo que tu médico ya haya establecido un protocolo de ajuste.

Un ejemplo de lo que debería incluir un plan escrito

La siguiente tabla muestra las cuestiones que conviene resolver durante una consulta. No representa instrucciones de tratamiento ni sustituye un plan médico individual.

Situación Lo que debes acordar con tu médico
Tienes fiebre o infección respiratoria Frecuencia de medición de glucosa y cuándo informar cambios
No puedes comer normalmente Cómo ajustar alimentación y medicamentos según tu tratamiento
Presentas vómitos o diarrea Qué hacer con líquidos, tratamientos y riesgo de deshidratación
La glucosa permanece elevada Qué valores requieren contacto médico y cuándo medir cetonas
Aparece glucosa baja Cómo tratarla y cuándo solicitar ayuda
Utilizas insulina Qué dosis deben mantenerse y qué ajustes están previamente autorizados
Tomas medicamentos como metformina o inhibidores de SGLT2 En qué circunstancias específicas podrían requerir una suspensión temporal y cuándo reiniciarlos

Conviene solicitar que las instrucciones incluyan cantidades, horarios y límites concretos cuando sean necesarios.

La frase “ajustar según la glucosa” puede resultar demasiado ambigua si nadie explicó cómo hacerlo.

Un plan útil debe poder entenderse incluso cuando el paciente está cansado, tiene fiebre o necesita ayuda de un familiar.

Los signos de alarma que no deberían esperar hasta mañana

Hay momentos en los que seguir un plan domiciliario deja de ser suficiente.

Una persona con diabetes que presenta vómitos persistentes, respiración rápida o profunda, dolor abdominal intenso o alteraciones de conciencia puede estar desarrollando una descompensación grave.

La presencia de cetonas elevadas también requiere atención según los umbrales establecidos por el equipo médico. Si son moderadas o altas y existen síntomas compatibles con cetoacidosis, se necesita valoración urgente.

Otros signos preocupantes incluyen dificultad para respirar, deshidratación importante, incapacidad para retener líquidos y glucosa persistentemente elevada pese a seguir las instrucciones previamente acordadas.

La hipoglucemia grave es otra emergencia.

Si una persona presenta convulsiones, pierde el conocimiento o está tan confundida que no puede tragar con seguridad, no debe recibir alimentos ni bebidas por la boca. Es necesario solicitar asistencia urgente y administrar glucagón si está prescrito y alguien sabe utilizarlo.

En personas que utilizan insulina, especialmente con diabetes tipo 1, una infección puede favorecer una cetoacidosis diabética.

En diabetes tipo 2 también puede ocurrir una complicación conocida como estado hiperosmolar hiperglucémico, caracterizada por hiperglucemia intensa, deshidratación y alteraciones neurológicas.

Ambas son urgencias que requieren atención hospitalaria.

No es necesario esperar a que aparezcan todos los síntomas para buscar ayuda.

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El problema de automedicarse para la gripe cuando tienes diabetes

Cuando aparece una infección respiratoria, es común acudir a la farmacia y comprar un antigripal.

Sin embargo, algunas fórmulas contienen varios ingredientes y pueden tener efectos no deseados.

Los descongestionantes orales, por ejemplo, pueden aumentar la presión arterial o la frecuencia cardíaca en determinadas personas.

Algunos jarabes contienen azúcar, mientras que ciertos productos combinados incluyen medicamentos que pueden duplicarse con otros tratamientos.

También existen fármacos, como determinados corticosteroides, capaces de aumentar los niveles de glucosa. Eso no significa que nunca deban utilizarse, sino que requieren una indicación médica apropiada.

Una persona con diabetes e hipertensión que toma medicamentos diariamente debería revisar posibles interacciones antes de agregar tratamientos para la gripe.

La recomendación es sencilla: informa al médico o profesional farmacéutico sobre todos los medicamentos que utilizas.

Y evita comenzar antibióticos por tu cuenta.

La influenza y muchos resfriados son infecciones virales, por lo que los antibióticos no los curan.

Si tienes influenza o sospecha de ella, especialmente si perteneces a un grupo de mayor riesgo, busca valoración temprana. El médico determinará si está indicado un antiviral, cuyo beneficio suele ser mayor cuando se inicia pronto.

¿El plan cambia si tienes diabetes tipo 1 o tipo 2?

Sí, y esta diferencia es una de las razones para evitar recomendaciones generales.

En diabetes tipo 1, el organismo produce muy poca insulina o prácticamente ninguna.

Por eso, mantener una cantidad adecuada de insulina resulta indispensable, incluso cuando no se consumen alimentos.

La enfermedad puede incrementar los requerimientos de insulina debido a la respuesta al estrés, aunque los ajustes deben seguir un protocolo establecido.

La medición de cetonas adquiere especial relevancia.

En diabetes tipo 2, el manejo depende del tratamiento y de las condiciones médicas.

Algunas personas utilizan únicamente cambios de alimentación y actividad física, mientras que otras requieren diferentes medicamentos o insulina.

Quienes toman fármacos con riesgo de hipoglucemia pueden necesitar precauciones adicionales si dejan de comer.

Aquellos que utilizan medicamentos relacionados con deshidratación, función renal o riesgo de cetoacidosis deben conocer las indicaciones específicas para enfermedades agudas.

En ambos tipos de diabetes, el plan necesita adaptarse a la edad, los antecedentes de complicaciones y la capacidad de monitoreo.

No es lo mismo una persona joven que utiliza un monitor continuo de glucosa que un adulto mayor con dificultades visuales y varios tratamientos diarios.

Adultos mayores con diabetes: cuando un familiar también debería conocer el plan

En algunas familias mexicanas, los hijos o nietos ayudan a organizar medicamentos, preparar alimentos y acompañar a las consultas.

Ese apoyo puede volverse especialmente relevante durante una enfermedad.

Un adulto mayor con diabetes puede presentar complicaciones si reduce demasiado la ingesta de líquidos, olvida medicamentos o desarrolla alteraciones de glucosa.

También existe el riesgo de que los síntomas se confundan con cansancio.

Por ejemplo, una persona que comienza a mostrarse desorientada, somnolienta o incapaz de realizar actividades habituales necesita valoración médica urgente.

No debe asumirse que está confundida solamente por la fiebre o por su edad.

La hipoglucemia, la hiperglucemia grave, la deshidratación y las infecciones severas pueden alterar el estado mental.

Si un familiar participa en el cuidado, conviene que conozca dónde está el glucómetro, cuáles son los medicamentos y qué hacer ante una emergencia.

También debe saber a qué servicio llamar y qué información proporcionar.

No se trata de quitar autonomía al paciente, sino de contar con apoyo cuando sea necesario.

Tres preguntas que pueden mejorar tu próxima consulta de seguimiento

A veces las consultas médicas se concentran en revisar resultados de laboratorio, renovar recetas y programar la siguiente cita.

Todo eso es necesario, pero deja poco espacio para hablar de situaciones que todavía no han ocurrido.

Por eso conviene plantear el tema de los días de enfermedad de manera directa.

¿Qué debo hacer con mis medicamentos si tengo vómitos o no puedo comer?

Esta pregunta permite revisar los riesgos particulares de cada tratamiento y evitar decisiones improvisadas.

¿Cuándo debo medir cetonas o contactar al consultorio por glucosa elevada?

La respuesta debe considerar tu tipo de diabetes, medicamentos y antecedentes.

¿Qué señales indican que debo ir directamente a urgencias?

Es preferible conocerlas cuando estás bien que intentar identificarlas mientras tienes fiebre, debilidad y preocupación.

Si el médico considera necesario un plan más detallado, solicita que quede por escrito.

También puedes preguntar si requiere actualizarse después de un cambio de tratamiento.

Un plan diseñado para alguien que solamente utilizaba metformina podría dejar de ser adecuado si meses después comienza a utilizar insulina.

La temporada de infecciones respiratorias es un buen momento para revisar el plan

En México, las infecciones respiratorias suelen aumentar durante los meses fríos, aunque pueden presentarse en cualquier época del año.

La influenza, el COVID-19 y otros virus pueden afectar a personas con enfermedades crónicas.

La diabetes se reconoce como un factor asociado con mayor riesgo de ciertas complicaciones cuando el control metabólico es deficiente o existen otras condiciones de salud.

Por eso, la prevención también forma parte del plan.

Mantener al día las vacunas recomendadas, según la edad y las condiciones médicas, puede ayudar a reducir el riesgo de algunas infecciones y sus consecuencias graves.

La vacunación contra influenza estacional, las recomendaciones vigentes contra COVID-19 y otras vacunas indicadas deben revisarse con el equipo de salud.

La Secretaría de Salud de México, el IMSS y otras instituciones publican información sobre campañas y grupos prioritarios.

Aunque la vacunación no evita todas las infecciones, sí puede disminuir el riesgo de determinadas complicaciones.

Y si aun así aparece una enfermedad, contar con instrucciones claras para manejar la glucosa puede evitar decisiones peligrosas.

No necesitas vivir pendiente de enfermarte, pero sí saber cómo actuar

Una de las dificultades de vivir con una enfermedad crónica es que los cambios cotidianos pueden complicar rutinas que normalmente funcionan.

El tratamiento está organizado, los horarios de comida son conocidos y las mediciones muestran cierta estabilidad.

Hasta que llega una infección.

De pronto no tienes hambre, duermes mal, sudas por la fiebre y descubres que tus valores de glucosa no se parecen a los habituales.

En ese momento, las recomendaciones generales de internet pueden quedarse cortas.

No porque toda infección represente automáticamente una emergencia, sino porque las decisiones correctas dependen del tratamiento de cada persona.

Un plan de días de enfermedad no elimina el riesgo de complicaciones. Tampoco garantiza que todas las cifras de glucosa permanezcan dentro de los objetivos.

Su utilidad consiste en establecer una ruta clara: qué medir, qué medicamentos revisar, cómo alimentarse e hidratarse, cuándo contactar al médico y cuándo buscar ayuda urgente.

Hay algo tranquilizador en tener esas respuestas antes de necesitarlas.

Porque cuando aparece la fiebre, lo último que queremos es sentarnos frente a varias cajas de medicamentos intentando adivinar cuál debemos tomar y cuál suspender.

Tal vez la próxima consulta de diabetes sea un buen momento para hacer una pregunta que muchas veces queda pendiente: “Doctor, si mañana me enfermo y no puedo comer normalmente, ¿qué debo hacer exactamente?”

La respuesta podría ser una de las indicaciones más valiosas que te lleves a casa.

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